1-1-36-(1).- Expresamos
nuestra dualidad. Parte 1
Dios sigue diciendo: Así pues,
habiendo creado todo un sistema de pensamiento acerca de Dios basado en la
experiencia humana más que en las verdades espirituales, después creasteis toda
una realidad en torno al amor. Se trata de una realidad basada en el temor,
arraigada en la idea de un Dios terrible y vengativo. Ese Pensamiento Promotor
es erróneo, pero rechazarlo supondría desbaratar toda vuestra teología. Y
aunque la nueva teología que podría reemplazarla sería realmente vuestra
salvación, no podéis aceptarla, puesto que la idea de un Dios al que no haya
que temer, que no va a juzgar, y que no tiene ningún motivo para castigar,
resulta sencillamente demasiado magnífica para incluirla ni siquiera en vuestra
más grandiosa noción de Quien y Qué es Dios.
Todo acto del amor inmediatamente es
acompañado de un acto del temor.
Me parece que en ausencia de manual de qué hacer, optamos por lo más
reactivo en vez de lo creativo porque necesita menos energía mental. Hacer presente de manera profunda lo que
estamos sintiendo y pensando es más trabajoso que pensarlo en base a las
reacciones aprendidas del medio ambiente y, repito, de nuestros padres. Es como tener ante nosotros una máquina de
Tomografía computarizada (TAC) y se nos
pidiera manipularla. ¿Le echamos la culpa a la máquina?
Y continua la explicación de esta misma manera:
Esta
realidad del amor basada en el temor domina vuestra experiencia de aquél; más
aún, en realidad la crea, ya que no sólo hace que consideréis que recibís un
amor condicionado, sino también que penséis que lo das del mismo modo. E
incluso mientras negociáis y establecéis vuestras condiciones, una parte de
vosotros sabe que eso no es realmente el amor. Aun así, parecéis incapaces de
cambiar la manera de dispensarlo. Os decís a vosotros mismos que habéis
aprendido la manera difícil, y ¡qué os condenéis si os hacéis de nuevo
vulnerables! Pero lo cierto es que deberíais decir ¡qué os condenéis si no lo
hacéis!
[Debido
a vuestros propios (y equivocados) pensamientos sobre el amor, sí que os
condenáis realmente a no experimentarlo nunca en toda su pureza. Del mismo
modo, os condenáis a no conocerme nunca como realmente soy. Al menos mientras
obréis así, ya que no podéis rechazarme para siempre, y llegará el momento de
nuestra Reconciliación.]
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