1-22.- Dios hizo su creación y ahora solo falta experimentarse “en cada uno de nosotros”.
En ese sentido, vuestra voluntad
respecto a vosotros es la voluntad de Dios respecto a vosotros.
Estáis viviendo vuestra vida del modo
como la estáis viviendo, y Yo no tengo ninguna preferencia al respecto.
Esa es la grandiosa ilusión de la que
participáis Que Dios se preocupa de un modo u otro por lo que hacéis.
Yo no me preocupo por lo que hacéis, y
eso os resulta difícil de aceptar. Pero ¿os preocupáis vosotros por lo que
hacen vuestros hijos cuando les dejáis salir a jugar? ¿Es importante para
vosotros si juegan al corre que te pillo, al escondite o a disimular? No, no lo
es, porque sabéis que están perfectamente seguros, ya que les habéis dejado en
un entorno que consideráis favorable y adecuado.
Por supuesto siempre confiaréis en que
no se lastimen. Y si lo hacen, haréis bien en ayudarles, curarles, y
permitirles que se sientan de nuevo seguros, que sean felices de nuevo, que
vuelvan a jugar otro día. Pero tampoco ese otro día os preocupará si deciden
jugar al escondite o a disimular.
Por supuesto, les diréis que juegos
son peligrosos. Pero no podréis evitar que vuestros hijos hagan cosas
peligrosas. Al menos, no siempre; no para siempre; no en todo momento desde
ahora hasta su muerte. Los padres juiciosos lo saben. Pero los padres nunca
dejan de preocuparse por el resultado. Esta dicotomía - no preocuparse
excesivamente por el proceso, pero sí por el resultado - describe con bastante
aproximación la dicotomía de Dios.
Pero Dios, en un sentido, no siempre se
preocupa por el resultado. No por el resultado final. Y ello porque el
resultado final está asegurado.
Y los dos son el mismo Dios, igual que tú.
No hay comentarios:
Publicar un comentario