1-23.- Dios hizo su creación
y ahora solo falta experimentarse “en cada uno de nosotros”.
Y esta es la segunda gran ilusión del
hombre: que el resultado de la vida es dudoso. Todo goza de una perfección asombrosa. Todo es absolutamente perfecto, pero ¿por qué nos consideramos imperfectos? -Porque Dios, además de darnos el espíritu que se aloja en el corazón y que es la bondad y el amor en sí, nos ha dotado del ego, con el fin de experimentar en la dualidad, la libertad de hacer lo que nos plazca. Tú eres Dios en experimentación, ya que Dios hizo a la materia para verificar si aquello que ya Él sabía (y que tú también sabías) era correcto. Luego la dubitatividad es efecto de que nacemos con nuestra mente en limpio para experimentarlo todo, tanto de una forma como la otra. Y ¿qué nos indica que no nos hemos equivocado?... -La experiencia, y es ésta a la que menos le ponemos atención: guerras van y guerras vienen y seguimos guerreando. Y ¿quieres ver que tu también estás en esta guerra? ... vete no más juzgando a todo el que hace lo que tú no te atreves o consideras "inadecuado".
Es esta duda acerca del resultado
final la que ha creado a vuestro mayor enemigo: el temor. Si dudáis del
resultado, dudaréis del Creador: dudaréis de Dios. Y si dudáis de Dios,
entonces viviréis toda vuestra vida en el temor y la culpa. Lo contrario del a-mor es el te-mor. Ambos son partes de la dualidad, del alfa y del omega. El amor nos lleva hacia la humildad, el respeto, la misericordia, la belleza y la alegría. El temor nos lleva hacia la ira (temor ante lo inadecuado), el rencor (temor ante haber recibido una "afrenta"), la envidia (temor de no tener algo y quererlo).
Si dudáis de las intenciones de Dios -
y de su capacidad de producir este resultado final -, entonces ¿cómo podréis descansar
nunca? ¿Cómo podréis nunca hallar realmente la paz?
Sin embargo, Dios posee pleno
poder para encajar las intenciones con los resultados. No podéis ni queréis
creer en ello (aunque afirméis que Dios es todopoderoso), y, en consecuencia,
habéis de crear en vuestra imaginación un poder igual a Dios, con el fin
de encontrar una manera de que la voluntad de Dios se vea frustrada.
Así, habéis creado en vuestra mitología al ser que llamáis “el diablo”. Incluso
habéis imaginado a Dios en guerra con ese ser (pensando que Dios
resuelve sus problemas del mismo modo que vosotros). Por fin, habéis imaginado
realmente que Dios podría perder esa guerra.
Todo eso viola lo que decís que
sabéis acerca de Dios, pero eso no importa. Vivís vuestra ilusión, y, de este
modo, sentís vuestro temor, debido a
vuestra decisión de dudar de Dios.
Veamos un ejemplo: Cuando vemos un panorama muy hermoso, vemos
eso como "aquello" y no como parte de nosotros mismos. Si somos hechos por el mismo creador,
entonces vemos eso como hermosa y perfecta belleza y a nosotros mismos como
seres imperfectos.
Nosotros
mismos nos abominamos pero Dios persiste en amarnos, tan perfecto como somos…
Las letras en violeta son de Dios y las rojas mi interpretación.
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